miércoles, 6 de julio de 2016

Saludos

¿Y este blog a santo de qué? Seguro que ésa, es una pregunta que más de uno se hace cada vez que ingresa en un blog en el que no está muy clara la temática...

Mi nombre es Pablo y soy escritor, aunque eso parece lo más obvio de todo en este asunto. En realidad, el que yo me encuentre en estos momentos escribiendo un blog cuyo título es "Relatos por acordes" se debe a la necesidad que llevaba sintiendo desde hace tiempo de escribir y ser leído para someterme a la valoración de aquellos que lo quieran hacer. Y aunque esa es la principal motivación para el nacimiento de este blog, lo cierto es que no es la única. Actualmente, y junto a un grupo de amigos y compañeros, estoy inmerso en el rodaje de un documental sobre la historia del rock urbano en España, un género que siempre ha sido denostado por cuestiones que no tenían nada que ver con la música sino más bien con los prejuicios y los temas críticos que se reflejaban en sus canciones.

Yo siempre he escuchado esta música, sea porque mis hermanas mayores la escuchaban y lo heredé por defecto o porque era la música que realmente decía (y expresaba) lo que yo sentía en cada momento. Y es que, siempre desde mi humilde punto de vista, cada canción, si es escuchada en el momento anímico idóneo, puede ayudarte a explicar tus sentimientos sin necesidad de que tengas que contarlos. Es cierto que si te gusta la música, puedes escucharla a todas horas y siempre va a resultar positivo hacerlo, pero si, por ejemplo, estás de viernes preparándote en casa para ir de fin de semana con tus mejores amigos y, mientras te duchas te pones ESA canción que siempre te da ganas de divertirte, entonces el fin de semana comienza un par de escalones por encima.

Estuve jugando con la idea de los estados de ánimo de las canciones durante varios días. Hasta que un día me descubrí a mí mismo delante del ordenador escuchando una canción de "Los Porretas" e imaginándome perfectamente la historia que contaba la letra de dicha canción. ¡Eureka! Me dije. La bombillita de mi cerebro se había encendido, esta vez sin parpadear, y lo había hecho con fuerza. ¿Por qué no mezclar mi pasión por la escritura con las historias que me sugieren las canciones que me gustan? Y en esas estamos. Las entradas que iré publicando en el blog, serán relatos de historias que se me ocurren al escuchar las letras de las canciones. Bien es cierto que los autores de cada canción saben qué es lo que quieren decir cuando escriben y nos cuentan su historia y, de hecho, todos estamos en sintonía con dicha historia en mayor o menor medida. Pero también es cierto que, aunque nosotros como receptores del mensaje lo percibimos más o menos igual, existe una parcela personal de cada individuo que hace que, por ejemplo, nos imaginemos la cara de esa Niña de Azul de una manera diferente en cada caso. En el mío, si os interesa, esa niña siempre ha sido rubia y con ojos azules... Todo un derroche de originalidad...

Así que desde aquí os lanzo un reto que consiste en que, si os apetece y os gusta la idea, leáis estas pequeñas historias que escribiré y que tratéis de adivinar qué canción inspira a cada una. Después de cada escrito, subiré el vídeo de la canción correspondiente y podremos debatir acerca de qué os inspira a cada uno de vosotros y de si mi historia de verdad hace referencia a esa canción o ese día me pilló un poquito a contramano.

Nada más, por el momento, espero que la idea de este blog os guste y que podamos construir entre todos un pequeño espacio en el que mezclar dos aspectos tan importantes de la cultura como son la música y la literatura.

Saludos y abrazos para el camino.